MANTHOC: 50 años construyendo la utopía desde las niñeces y adolescencias

Son nuestra utopía

I.

Me niego a creer que el mundo se haya quedado sin utopías. Conocí al MANTHOC de casualidad; “de pedo”, como decimos por el Río de la Plata. Fue en 2012, durante un Encuentro Latinoamericano de Educación Popular por el que viajé a Lima. Y fue, en términos personales y políticos, toda una revolución.

Por entonces, junto a un pequeño grupo de compas, veníamos soñando un proyecto de educación popular. Teníamos claros nuestros principios ético-políticos y también el horizonte utópico que orientaba nuestros pasos. Sabíamos que nuestra acción política se desplegaría con las niñeces y adolescencias de las clases populares, reconociéndolas como sujetos políticos del cambio social. Pero todavía no encontrábamos la forma concreta que podía asumir aquello que queríamos hacer.

De hecho, teníamos prácticamente terminado lo que sería el manifiesto fundacional de la organización que estábamos gestando. Como todo manifiesto, contenía una descripción y una lectura crítica de la realidad que cuestionábamos, junto con un esbozo de cómo soñábamos que fuera ese mundo donde quepamos todes. Pero nos faltaba algo fundamental: el punto final, las propuestas concretas sobre el qué hacer.

“No hay nada más improbable, más imposible, más fantasioso que una revolución una hora antes de que estalle”, escribió Rosa Luxemburgo alguna vez. Y confirmamos. Efectivamente, así sucede tanto con los procesos revolucionarios de los pueblos, como —muchas veces— con las transformaciones personales.

Desde ya, que sea ‘improbable’ el acontecimiento revolucionario no quiere decir que no sea el corolario de un largo proceso de búsqueda y de construcción. Lo improbable o fantasioso no es el acontecimiento en sí, sino que suceda justo en ese momento. Porque, bien sabemos, quien busca, suele encontrar.

Fue Elvira Figueroa quien presentó, en el Encuentro de Educación Popular de aquel año, la experiencia del MANTHOC. Hasta ahí, todo normal. Para mí, resultaba lógico que las personas adultas cuenten el trabajo que hacen con niñas y niños. Pero tuve que pedir ayuda para levantar mi mandíbula (que quedó a ras del suelo) cuando Elvira explicó que las niñas y niños trabajadores que iban a ir al evento a contar sobre su organización no pudieron acercarse porque fueron convocados al Congreso de la República para participar de un debate a propósito de una ley sobre niñez que se quería sancionar en el país.

II.

De modo que volví de ese viaje y les conté a mis compas lo que había escuchado, lo que había aprendido. Y, sobre todo, les conté una certeza, que era posible, que realmente era posible: acompañar la creación de un verdadero movimiento popular de niñas, niños y adolescentes, animado, representado y dirigido por las propias pibas y pibes.

A los pocos días de haber vuelto, recuerdo una noche en la que, después de prepararme un mate, inspirado por las lecturas de un tal Alejandro Cussiánovich, de otro llamado Manfred Liebel, de uno de nombre Giangi Schibotto y de una tal Marta Martínez Muñoz, agarré la pequeña netbook que usaba para escribir y tipeé:

Que planteen la meta de la erradicación del trabajo infantil quienes sostienen el modelo donde gobierna el capital y la maximización de ganancias, es tan ridículo como pretender, en estos contextos, la igualdad económica entre seres humanos. (…) Por tanto, no se trata de pelear contra el trabajo infantil para eliminar las peores formas de explotación a niños y niñas (solamente); se trata de transformar el sistema económico injusto que oprime a trabajadores y trabajadoras más allá del color, la etnia, el género, el equipo de fútbol favorito o la edad; y de favorecer la organización de los pibes trabajadores para que, consiguiendo reconocerse parte del pueblo trabajador, sean, en esa lucha, una pieza privilegiada de artillería: nuestros pibes serán como disparos amorosos, detonaciones de flores, estallidos de ternura… serán nuestro cañón de futuro.[1]

De manera que, gracias al MANTHOC, dimos con aquello que queríamos hacer. Ese proceso devino en la creación de La Miguelito Pepe, un colectivo de educadoras y educadores populares que acompañó el surgimiento de la Asamblea REVELDE[2], una organización popular de niñas, niños y adolescentes de Buenos Aires autodefinidos chicos del pueblo.

La Asamblea REVELDE aprendió muchísimo de la historia, de las hazañas, de las metodologías e incluso de los errores del MANTHOC y de los diferentes movimientos de NNATs que surgieron bajo su influjo.

III.

De un tiempo a esta parte, los poderes dominantes vienen radicalizando el saqueo de y en nuestros territorios, al tiempo que despliegan una ofensiva múltiple contra los sectores populares. El avance de las ultraderechas nos obliga a reinventar la política y, por lo tanto, también las herramientas con las que resistimos y re-existimos.

Pese a ello, tengo la impresión de que esta experiencia —la del MANTHOC y la de tantas otras organizaciones que nacieron bajo su influjo— no tiene, dentro del campo progresista y de izquierdas, el reconocimiento ético ni la gravitación política que merece.

¿Vamos a seguir haciendo como si no existiera el sólido adultocentrismo que reina incluso en las filas del campo popular?

En estos contextos cobra especial relevancia aquella frase de Paulo Freire: “La lucha ya no se reduce a retrasar lo que acontecerá o asegurará su llegada; es preciso reinventar el mundo. La educación es indispensable en esa reinvención”. Y, con todo respeto, inspirado en los gloriosos cincuenta años del MANTHOC, me atrevería a agregar: las niñeces y adolescencias de las clases populares son indispensables en esa reinvención; y la organización popular infantil es, también y definitivamente, indispensable.

Gracias, MANTHOC, por haber anticipado, en tus prácticas, las teorías que luego serían conceptualizadas como protagonismo, pedagogía de la ternura y relaciones intergeneracionales de nuevo tipo carentes del contenido adultista que las caracteriza hoy.

Gracias, MANTHOC, por ser testimonio vivo de que otra infancia es posible.

Gracias, MANTHOC, por tus cincuenta años de vida.

Abradezco (abrazo y agradezco) desde lo hondo de mi ser a cada niña, niño, niñe y adolescente que construyó y construye este movimiento popular tan querido. Y abradezco a cada una y cada uno de sus colaboradores, actores imprescindibles.

Cómo voy a ser capaz de creer que el mundo se quedó sin utopías si ustedes, compitas del bien, son nuestra utopía.

Hasta la ternura siempre.

Buenos Aires, agosto de 2026

Santi Morales


[1] Párrafos de “Nuestra búsqueda”, documento fundacional de La Miguelito Pepe, escrito durante 2011 y 2012. Inédito.

[2] REVELDE es un acróstico formado por Responsabilidad, Esperanza, Valentía, Expresión, Lucha, Derechos y Explosión.

Santi Morales (Argentina) es educador popular y sociólogo por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es co-fundador de La Miguelito Pepe (2013-2020), desde donde acompañó a la ASAMBLEA REVELDE, una organización popular infantil. Junto a Marta Martínez Muñoz, es autor del libro «Adultocentrismo, ¿qué piensan chicas y chicos?» (2024); y compiló —con Gabriela Magistris— los libros «Niñez en movimiento» (2018), «Educar hasta la ternura siempre» (2021) y «Reinventar el mundo con las niñeces» (2023).

Cuando sea grande, quiere ser un niño trabajador organizado en el MANTHOC.

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