No sigo las huellas sigo el camino: mi amistad con el MANTHOC

Queridas y queridos NNATs, colaboradoras, colaboradores y amigas y amigos del MANTHOC:

Escribo esta carta con sincera emoción y cariño, porque me he trasladado al pasado para hacer memoria de la historia de nuestra amistad, a propósito de los 50 años del movimiento. Debo remontarme al 2002, cuando laboraba en Plan International Perú como responsable de un proyecto de salud escolar. Tuvimos la fortuna de asistir a un taller organizado por Save the Children en torno a la programación con enfoque de derechos, y allí estaba Chito, encargándose de la ponencia central. Era la primera vez que lo veía.

Para entonces, yo había trabajado con niñeces y tenía una genuina inclinación por el trabajo con ellas y ellos, además de una sensibilidad que gatillaba mi indignación ante cada situación de vulneración de sus derechos. Ya conocía la Convención sobre los Derechos del Niño, el Código de los Niños y Adolescentes y estaba al tanto de la marcha del primer Plan Nacional de Acción por la Infancia. Hasta allí, no estaba mal para una trabajadora de una ONG internacional, pero mi perspectiva en relación con las niñeces estaba centrada en sus necesidades, su vulnerabilidad y su condición de víctimas, así como en la consecuente demanda al Estado por el cumplimiento de su rol garante, y nada más.

Entonces, en primera fila, escuchando a Chito, llegaron las primeras interpelaciones a mi cómodo y básico posicionamiento frente a las niñeces: las niñas, niños y adolescentes trabajadores son sujetos sociales y políticos que intervienen protagónicamente en la sociedad y que fundaron, con el acompañamiento de adultos cristianos, la primera organización de NNATs en el mundo, en el año 1976. Parecía un cuento o el relato inflado de un cura progresista emocionado, pero era cierto.

No solo eso: el MANTHOC promovió la fundación del Movimiento Nacional de Niñas, Niños y Adolescentes Trabajadores Organizados del Perú – MNNATSOP en 1996, para que cupieran otras organizaciones de niños trabajadores, pero además para enarbolar la lucha por los derechos de todas las infancias.

Años atrás, yo había trabajado con organizaciones de trabajadores mineros sindicalizados, antes de los decretos antilaborales de Fujimori de 1991 y 1992; también con organizaciones de docentes, trabajadores ambulantes y de mercados, y con jóvenes obreros del sector textil de Lima Norte. Es decir, sabía bien lo que era una organización de trabajadores adultos, pero no podía imaginar que hubiera otra forma de organización no sindical de niñas y niños que reivindicara su derecho a trabajar. Eso era nuevo para mí, pero poco a poco cobró sentido y, desde aquel taller con Chito, no he parado de seguirlos, de leer sus pronunciamientos y de disponer mi apoyo. Así nació la amistad.

Porque ser amigos no es solo tejer cariños; es ponerse a disposición incondicionalmente. El paso siguiente fue integrarme, a nombre de Plan International, a la Coordinadora Nacional por los Derechos del Niño – CONADENNA y apoyar con afán la realización del II Congreso Mundial de la Infancia, que se realizó en Lima del 21 al 25 de noviembre de 2005 y que tenía como impulsores nada menos que al movimiento de NNATs. En ese marco, también apoyé la conformación de la Red Nacional de Niñas, Niños y Adolescentes – REDNNA.

Pero en el 2006 viví una experiencia que me marcaría para siempre. Los representantes del MANTHOC que integraban la Comisión de Delegados Nacionales del MNNATSOP 2004-2006 solicitaron una reunión con Plan International Perú. Se pactó la cita y los recibimos en la oficina junto con Ernesto Morán, director de Plan en ese momento.

La delegación estaba integrada por dos adolescentes, Orlando Macharé y Laila Villavicencio (ambos de la base MANTHOC Piura), junto con los colaboradores nacionales Esther Díaz y Carlos Nino. Ellos presentaron un proyecto para divulgar en Lima y regiones las 76 recomendaciones que el Comité de los Derechos del Niño había emitido al Estado peruano. Su propósito era que las niñas, niños y adolescentes conocieran las recomendaciones para que pudieran hacer incidencia ante las autoridades nacionales y regionales y estas cumplieran con dichas recomendaciones.

Cabe anotar que detrás de esas 76 recomendaciones estuvo la participación de los adolescentes trabajadores Orlando Macharé y Aladino Valdivieso en Ginebra, cuando expusieron ante el Comité de los Derechos del Niño la perspectiva de las niñeces peruanas frente al estado de sus derechos en el Perú.

En la reunión con Plan, Orlando y Laila nos presentaron el proyecto y convencieron al director de financiar su ejecución, delegándome la tarea de coordinarlo conjuntamente con los NNATs. Nunca imaginé que trabajaría tan bien con ellos. Coordinábamos permanentemente, discutíamos las actividades y el presupuesto, y presentaban con responsabilidad los informes solicitados. Entonces, todo aquello del protagonismo y el coprotagonismo se convirtió en una verdadera experiencia.

Al término del proyecto, la amistad se consolidó y mi apuesta por el movimiento se radicalizó. Pero tenía que estudiar y prepararme; por eso, postulé a la Maestría en Política Social con mención en Promoción de la Infancia en el año 2007. Esa maestría fue fundada por Alejandro Cussiánovich junto con otros colegas en el año 2000, otro de los aportes de nuestro querido Chito.

Llegado el momento, decidí profundizar mi acercamiento a las organizaciones de niñas, niños y adolescentes y elaboré mi proyecto de tesis en torno a la relación entre la familia y la participación protagónica de adolescentes organizados en el movimiento de NNATs, municipios escolares, consejos consultivos y barrios.

Después de culminar la maestría y graduarme, me propuse seguir estudiando, hacer investigaciones con niñas, niños y jóvenes e incorporarme a la docencia universitaria, y lo logré. Con orgullo puedo decir que Chito es mi mentor, mi maestro y mi amigo. Sigo su obra y sus aportes al pensamiento latinoamericano en torno a las infancias; los divulgo, los incluyo en mi trabajo académico y, además, sigo al MANTHOC y al MNNATSOP.

Quiero aclarar que yo no sigo las huellas que el movimiento ha dejado a lo largo de los años; yo intento seguir el camino que abrió en el movimiento social y popular, en el presente y con sus propias características. Es decir, procuro ser una mujer coprotagónica, defender los derechos de todas las infancias, valorar a las niñas, niños y adolescentes trabajadores como sujetos sociales y políticos que realmente transforman su vida y su entorno. Los apoyo y acompaño cada vez que lo solicitan, y lo hago con cariño y respeto.

No es un camino fácil; hay obstáculos y tropiezos, pero es el camino que yo elegí.

Feliz aniversario MANTHOC, gracias por esta bella amistad.

Rossana Mendoza Zapata, (Perú) es educadora, magíster en Política Social con mención en Promoción de la Infancia y doctora en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud. Su trayectoria profesional y académica está vinculada al trabajo, la investigación y la participación de niñas, niños y jóvenes. Ha trabajado en proyectos sociales y de infancia junto a organizaciones como Plan International y Save the Children, y actualmente desarrolla labores de docencia e investigación. Su encuentro con el MANTHOC marcó parte importante de su camino profesional y de su compromiso con el reconocimiento de las niñas, niños y adolescentes como sujetos sociales y políticos.

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