MANTHOC: una voz profética desde el protagonismo de las niñas, niños y adolescentes trabajadores

Hace 50 años, en un contexto marcado por las desigualdades y la exclusión social, nació el Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Cristianos (MANTHOC). Inspirado en la fe cristiana y en la opción preferencial por los pobres, el movimiento se convirtió en un espacio donde las niñas, niños y adolescentes trabajadores (NNAT) no eran vistos como víctimas pasivas, sino como protagonistas de su propia historia.
Su acción evangelizadora se expresa en la vida cotidiana: en el trabajo digno, en la defensa de los derechos, en la solidaridad comunitaria y en la celebración de la fe. Para el MANTHOC, evangelizar significa anunciar que Dios está presente en la lucha por la justicia y en la voz de los más pequeños.

El MANTHOC es más que un movimiento social; quiere ser una voz profética en la sociedad y en la Iglesia. Con su acción organizada nos recuerda que el Reino de Dios —es decir, una sociedad justa y solidaria, digna para todas las personas y en armonía con la naturaleza— se construye desde abajo: con los pequeños, con quienes trabajan y con quienes sueñan.
En el Evangelio de Juan, ante una multitud hambrienta, los amigos de Jesús —personas adultas— no saben qué hacer: hacen cálculos y se desaniman. En cambio, un muchacho pone sobre la mesa lo que lleva consigo: cinco panes y dos peces. Algunos se ríen de él. Sin embargo, es precisamente a partir de ese gesto, aparentemente insignificante, que afirma la capacidad, la voluntad de participar y la iniciativa del muchacho, que la multitud logra ser saciada (cf. Juan 6,1-15).

Hoy, como hace 50 años, en tiempos de crisis y cambios, el MANTHOC nos invita a comprender la evangelización no como una simple transmisión de ideas o doctrinas, sino como una acción transformadora que defiende y promueve la vida, la dignidad y la esperanza.
Esta acción evangelizadora tiene el rostro de los NNAT: sujetos activos de la misión, capaces de organizarse, reflexionar y transformar su realidad. La evangelización se traduce así en compromiso político y social, denunciando las injusticias y proponiendo alternativas.
El movimiento enfrenta también desafíos globales. Millones de NNAT continúan atrapados en trabajos precarios, expuestos a la explotación y sin acceso a una educación de calidad. Quienes realizan labores agrícolas o trabajan en la economía informal sufren, además, las consecuencias del deterioro ambiental. Del mismo modo, la evangelización debe responder a contextos de violencia familiar y social que afectan gravemente a la niñez.
Frente a un sistema inhumano que descarta, excluye y margina, el MANTHOC proclama que otro mundo es posible.
Asimismo, enfrenta desafíos al interior de nuestra Iglesia. Aún no integramos suficientemente el aporte y la voz de las niñas, niños y adolescentes en general, y de los NNAT en particular. Necesitamos recordar la indignación de Jesús ante la exclusión ejercida por las personas adultas y cómo puso a un niño en el centro diciendo a sus discípulos:
«Si quieren ser parte del Reino de Dios, tienen que aprender de este niño» (cf. Marcos 10,13-14).

Los NNAT tienen mucho que enseñarnos o, quizá, mucho que recordarnos: sentimientos, valores y perspectivas que con frecuencia olvidamos al llegar a la adultez.
Tanto en la Iglesia como en la sociedad necesitamos cambiar nuestra mirada hacia los NNAT: escucharlos, aprender de ellas y ellos.
Hoy nuestra Iglesia vive un proceso de conversión profunda que busca pasar de un modelo jerárquico y vertical a una forma de ser Iglesia más participativa, corresponsable y comunitaria. Esto implica escucha mutua; dar voz a todas las personas bautizadas, especialmente a quienes suelen quedar al margen; discernimiento comunitario, tomando decisiones a la luz del Espíritu y no únicamente desde la autoridad; misión compartida, donde cada miembro se sienta responsable de la vida y misión de la Iglesia; y, finalmente, unidad en la diversidad, integrando distintas culturas, carismas y ministerios en un mismo camino.
En este contexto, se abren para el MANTHOC nuevos espacios y oportunidades para aportar, desde su experiencia, a la acción evangelizadora de toda la Iglesia. Puede contribuir a superar visiones asistencialistas y promover una pastoral que reconozca a las niñas, niños y adolescentes como protagonistas de la misión, así como adaptar los lenguajes y métodos evangelizadores a los contextos urbanos, rurales y digitales donde viven y trabajan los NNAT.
El desafío es claro: ayudar a la Iglesia a escuchar más y hablar menos; a acompañar más y juzgar menos. Y el mundo, tan obsesionado con el consumo, necesita aprender de estos niños, niñas y adolescentes que trabajan, sueñan y se organizan.
La acción evangelizadora del MANTHOC es un testimonio vivo del Evangelio: anuncia la dignidad de las niñas, niños y adolescentes trabajadores, denuncia la injusticia y propone caminos de esperanza.
En la Iglesia y en el mundo de hoy, su voz desafía a todas las personas a reconocer que la evangelización no es solo palabra, sino también acción transformadora en favor de los más pequeños.
El MANTHOC es, en definitiva, una voz profética que nos recuerda que el Reino de Dios comienza en las manos pequeñas que construyen justicia.

Gilberto Longoni (Italia), hermano de la Comunidad Santo Espíritu, acompaña al MANTHOC desde 1991. Formado en la experiencia del movimiento, ha dedicado su labor a la formación y a la pastoral con niñas, niños y adolescentes, inspirándose en la vida, la reflexión y la fe de los NNAT. Ha integrado el equipo nacional de formación del MANTHOC y colaborado en la publicación ¡No me digas que soy un muchacho!…, obra de referencia para la pastoral de adolescentes de la Conferencia Episcopal Peruana. Asimismo, la vida, la reflexión, la acción y la fe de los NNAT del MANTHOC han orientado su labor pastoral con niñas, niños y adolescentes en las parroquias de Vitarte (1990-2003) y Huaycán desde el 2004 hasta la actualidad.

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