Los NNATs en la Biblia: dignidad, servicio y esperanza

El trabajo infantil suele asociarse hoy con la explotación y la vulnerabilidad. Sin embargo, en la Biblia encontramos numerosas referencias a niños, niñas y adolescentes que participan en tareas familiares, comunitarias y religiosas. Estos relatos no justifican la explotación; por el contrario, muestran cómo el trabajo puede formar parte de la vida cotidiana, de la formación y del servicio a Dios y a la comunidad.

La mayoría de los niños, niñas y adolescentes (NNA) que encontramos en la Biblia son designados con el término «muchachos», que en la cultura bíblica es sinónimo de «siervo» o «sirviente». Los NNA vienen a ser, en cierto modo, «los mozos y las mozas» de la historia de la salvación. En ese sentido, la mayoría de ellos pueden considerarse NNAT.

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Los encontramos en diversos pasajes: ayudando a Abrahán a atender a los tres visitantes misteriosos; acompañando y asistiendo a jueces, profetas, sacerdotes y reyes. Desde pequeño, Samuel sirve en el santuario bajo la guía del sacerdote Elí. Su «trabajo» es ministerial: colaborar en las tareas del culto y escuchar la voz de Dios (1 Samuel 2–3). Antes de ser rey, David cuida el rebaño de su padre; esa labor como pastor lo prepara en la responsabilidad, la valentía y el cuidado de los más débiles (1 Samuel 16).

En el Evangelio, un muchacho comparte el pequeño almuerzo que lleva consigo para alimentar a la multitud. Su gesto de solidaridad es un «trabajo» que Jesús valora y multiplica (Juan 6,9). Asimismo, aunque no se narran detalles, se entiende que Jesús, como hijo de José, aprendió y colaboró en el oficio de carpintero. El trabajo formó parte de su crecimiento humano (Lucas 2,51-52).

En la Biblia, el trabajo de los niños aparece como parte de su formación en la fe y en la vida comunitaria. No se presenta como explotación, sino como colaboración en la misión familiar y comunitaria. La comunidad y la familia son responsables de que ese trabajo no anule la educación, el juego ni la vida espiritual.

Los relatos muestran que incluso los más pequeños tienen un papel valioso en la historia de la salvación. Más allá de la conocida historia del joven David enfrentándose y venciendo a Goliat, encontramos otros ejemplos de pequeños aportes, anónimos y muchas veces desapercibidos:

a) Un entusiasmo contagiante (1 Samuel 9,3-9)

Saúl, quien más adelante será ungido como el primer rey de Israel, se encuentra desanimado durante la búsqueda de las asnas perdidas y desea regresar a casa. Un muchacho, lleno de entusiasmo, lo anima a continuar. Gracias a ello llegan hasta el profeta Samuel, quien reconoce en Saúl al elegido por Dios.

b) Un aporte sencillo, pero imprescindible (Jueces 16,26)

Un niño guía al ciego Sansón y hace posible que este derrote al enemigo.

c) Cuando una persona es acogida y valorada, es capaz de entregarse con total generosidad (1 Samuel 30,6.11-18)

Un muchacho egipcio, abandonado y perdido en el desierto, es acogido por David, quien atraviesa un momento de profunda crisis. Su aporte resulta determinante para alcanzar la victoria.

d) Sencillez, generosidad, disponibilidad y servicio (Lucas 1,26 ss.)

La sencillez, la generosidad, la disponibilidad, el servicio y la responsabilidad frente al proyecto de Dios se manifiestan plenamente en una joven humilde de un pueblo marginal: María.

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Los NNAT también padecen las consecuencias de la injusticia y de la explotación sistemática. Por ello, incluso la Biblia les reconoce un lugar junto a las personas adultas en la defensa de la justicia:

«Entonces todo el pueblo, jóvenes, mujeres y niños, se amotinó contra Ozías y los jefes de la ciudad, clamando a grandes voces ante los ancianos: “Juzgue Dios entre ustedes y nosotros. Cometen una gran injusticia…”» (Judit 7,28).

Asimismo, revelan una fuerza, una firmeza, una fe y una lealtad a sus principios verdaderamente admirables:

«…Al más joven, que quedaba todavía, no solamente le exhortaba con palabras, sino que le prometía con juramento enriquecerlo de una vez y hacerlo el más feliz y, una vez que hubiera renegado de su religión y abandonado las leyes patrias, tenerlo como amigo, proveerlo de todo lo necesario y darle un cargo de gobierno. El niño no le hacía caso, por lo cual el rey llamó a la madre y le indicó que aconsejara a su hijo para que pudiera salvar la vida.» (2 Mac 7,24-25).

Los NNAT en la Biblia nos enseñan que el trabajo, cuando se desarrolla en un contexto de dignidad, valoración crítica y reconocimiento, puede ser una oportunidad de crecimiento, servicio y realización humana.

Este enfoque nos invita a reconocer a los NNAT como sujetos activos de la comunidad, procurando siempre que su aporte nunca se convierta en explotación, sino que sea un camino de esperanza.

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Gilberto Longoni (Italia), hermano de la Comunidad Santo Espíritu, acompaña al MANTHOC desde 1991. Formado en la experiencia del movimiento, ha dedicado su labor a la formación y a la pastoral con niñas, niños y adolescentes, inspirándose en la vida, la reflexión y la fe de los NNAT. Ha integrado el equipo nacional de formación del MANTHOC y colaborado en la publicación ¡No me digas que soy un muchacho!…, obra de referencia para la pastoral de adolescentes de la Conferencia Episcopal Peruana. Asimismo, la vida, la reflexión, la acción y la fe de los NNAT del MANTHOC han orientado su labor pastoral con niñas, niños y adolescentes en las parroquias de Vitarte (1990-2003) y Huaycán desde el 2004 hasta la actualidad.

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